Reseña Feria de Ana Iris Simón

Reseña de Feria, de Ana Iris Simón: quizá nuestros abuelos tenían razón

Reseña de Feria, de Ana Iris Simón: quizá nuestros abuelos tenían razón.

Hay libros que cuentan una historia y otros que consiguen algo bastante más complicado: hacerte pensar en la tuya.

Feria, de Ana Iris Simón, pertenece claramente a los segundos.

Llegué a este libro sabiendo que había dado muchísimo que hablar desde que se publicó en 2020. Que si era reaccionario, que si era progresista, que si reivindicaba la España rural, que si idealizaba el pasado, que si era un libro político, que si precisamente todo lo contrario.

Después de leerlo tengo la sensación de que hemos complicado demasiado algo que, en realidad, es bastante sencillo.

Ana Iris Simón echa de menos cosas.

Echa de menos una familia, una forma de relacionarse, unos pueblos, unas costumbres y una cierta seguridad sobre cómo iba a ser la vida que su generación, por mucho que supuestamente haya progresado, ya no tiene.

Y coño, la entiendo.

Porque Feria parte de una idea que puede parecer una barbaridad para quienes hemos crecido escuchando que cada generación vive necesariamente mejor que la anterior:

Ana Iris Simón envidia la vida que tenían sus padres cuando tenían su edad.

Y a partir de ahí construye un libro precioso, irregular en algunos momentos, divertidísimo en otros y tremendamente nostálgico sobre sus padres, sus abuelos, sus primos, los feriantes, los agricultores, La Mancha y una España que no sabemos muy bien cuándo empezó a desaparecer.

Feria de Ana Iris Simón no es exactamente una novela.

Esto conviene aclararlo antes de empezar.

Si buscas una novela con un protagonista, un conflicto, un desarrollo y un desenlace, aquí no vas a encontrarla.

Feria está mucho más cerca de unas memorias familiares, de la autoficción e incluso por momentos del ensayo.

Ana Iris reconstruye su infancia a través de recuerdos, conversaciones familiares, historias que le contaron sus padres y sus abuelos y reflexiones de la mujer adulta que contempla ahora aquel mundo.

Y el resultado es una especie de álbum familiar escrito.

Uno de esos álbumes antiguos en los que aparecen personas que no conociste pero sobre las que tu abuela puede contarte una historia de veinte minutos.

Aquí ocurre algo parecido.

Terminas conociendo a los Simones, a los feriantes, a sus padres, sus abuelos, sus tíos y sus primos.

Y lo curioso es que acaban recordándote a los tuyos.

Aunque tu familia no tenga absolutamente nada que ver con ellos.

De qué va Feria de Ana Iris Simón.

Ana Iris Simón creció entre dos familias bastante diferentes.

Por parte de madre están los feriantes.

Sus abuelos maternos recorrieron pueblos con las atracciones, viviendo de ese universo peculiar de luces, música, tómbolas, viajes, noches interminables y dinero contado después de cerrar.

Por el otro lado están los Simones, su familia paterna, vinculada al campo y a La Mancha.

Sus padres pertenecen ya a otra generación. Ambos consiguieron trabajos estables como carteros y pudieron construir una vida que, vista desde la precariedad laboral de muchos jóvenes actuales, empieza a parecer casi un privilegio.

Casa.

Trabajo.

Hijos.

Familia.

Pueblo.

Una cierta sensación de saber hacia dónde iba todo.

Ana Iris observa aquella vida desde su propia generación y se pregunta algo que atraviesa todo el libro:

¿de verdad vivimos mejor que nuestros padres?

Tenemos más estudios.

Hemos viajado más.

Tenemos internet.

Podemos pedir comida desde el móvil y ver prácticamente cualquier película que se haya rodado desde el sofá.

Pero muchos jóvenes llegan a los treinta sin poder comprarse una casa, sin estabilidad laboral y sin tener demasiado claro dónde estarán viviendo dentro de cinco años.

Y entonces aparece la duda.

Quizá progresar no consistía únicamente en tener más cosas.

Los abuelos son los verdaderos protagonistas de Feria.

Esto es probablemente lo que más me ha gustado del libro.

Los abuelos.

Creo que cualquiera que haya tenido una relación estrecha con sus abuelos va a encontrar aquí algo que le toque.

Porque Ana Iris no escribe sobre ellos desde la superioridad del adulto que contempla un mundo antiguo y piensa cuánto hemos avanzado.

Hace justamente lo contrario.

Los escucha.

Y eso parece una tontería, pero no lo es.

Vivimos en una época bastante convencida de que todo lo nuevo es necesariamente mejor y de que las generaciones anteriores estaban equivocadas en casi todo.

Feria se atreve a preguntar:

¿Y si no?

¿Y si sabían algunas cosas que nosotros hemos olvidado?

No hablo de idealizar el pasado. Ni Ana Iris oculta la dureza del campo, las dificultades económicas o las limitaciones de aquella sociedad.

Pero sí reivindica cosas que hemos ido perdiendo por el camino.

La familia extensa.

Los vecinos.

El pueblo.

La pertenencia.

El trabajo entendido como algo más que una forma de construir una carrera profesional.

La sensación de proceder de algún sitio.

Y esto último me parece fundamental.

La Mancha es otro personaje del libro.

Feria difícilmente podría haberse escrito en cualquier otro lugar.

Está La Mancha por todas partes.

Campo de Criptana.

El viento.

Los campos.

Los pueblos.

Las carreteras.

Las ferias.

El Quijote.

Esa horizontalidad infinita del paisaje manchego.

Ana Iris escribe desde un lugar concreto y no intenta disimularlo.

Al contrario.

Hay algo muy bonito en esa reivindicación de pertenecer a un sitio.

Porque durante muchos años parecía que para prosperar había que marcharse.

El pueblo era el lugar del que había que salir.

La ciudad era el destino.

Estudiar significaba irse.

Triunfar significaba no volver.

Y ahora, cuando muchos pueblos se vacían y las grandes ciudades se han convertido en lugares donde trabajar muchísimo para pagar un alquiler disparatado, quizá convenga volver a preguntarnos si aquello tenía tanto sentido.

¿Es Feria un libro político?

Sí.

Y no.

Aquí está probablemente la razón por la que este libro provocó tanto ruido.

Ana Iris Simón habla de capitalismo, feminismo, trabajo, maternidad, familia, religión, patria, clase social, precariedad y progreso.

Es imposible escribir sobre todo eso sin que alguien termine colocándote una etiqueta.

Pero creo que leer Feria exclusivamente desde la política es estropear bastante el libro.

Porque antes que cualquier otra cosa es un libro sobre la familia.

Sobre de dónde venimos.

Sobre aquello que nuestros padres y abuelos nos transmitieron incluso sin saber que lo estaban haciendo.

Y sobre la posibilidad de que una sociedad avance muchísimo en algunos aspectos mientras retrocede en otros.

Eso no debería ser patrimonio de ninguna ideología.

Se puede estar de acuerdo con Ana Iris en unas cosas y completamente en desacuerdo en otras.

A mí me ha pasado.

Y precisamente por eso me ha gustado.

Los libros que únicamente te dicen aquello que ya pensabas antes de abrirlos sirven para bastante poco.

La nostalgia de Feria.

Hay muchísima.

Pero no me molesta.

De hecho, es probablemente el motor del libro.

Ahora bien, la nostalgia siempre hace trampas.

Recordamos los veranos y no los mosquitos.

Recordamos a nuestros abuelos sentados alrededor de una mesa y olvidamos las dificultades que tuvieron para llenar aquella mesa.

Recordamos los pueblos llenos y quizá olvidamos por qué tanta gente quiso marcharse de ellos.

Ana Iris es consciente en buena medida de esa contradicción.

Y ahí me parece que Feria funciona mejor.

No se trata necesariamente de decir que antes se vivía mejor.

Se trata de preguntarnos qué hemos perdido mientras conseguíamos todo lo que tenemos ahora.

Y esa pregunta me parece muchísimo más interesante.

Cómo escribe Ana Iris Simón.

Muy bien.

Y sobre todo escribe con voz propia.

Esto es más importante de lo que parece.

Hay escritores técnicamente impecables a los que podrías quitarles el nombre de la portada y sustituirlo por otro sin que pasara absolutamente nada.

Con Ana Iris Simón no ocurre.

Escribe como habla alguien que está contándote algo.

Hay tacos.

Expresiones familiares.

Recuerdos.

Historias que parecen haber sido repetidas cien veces alrededor de una mesa.

Momentos muy tiernos y otros bastante brutos.

Y esa mezcla funciona.

No intenta embellecer artificialmente el mundo del que procede.

Lo quiere precisamente porque es suyo.

Además, Feria tiene algo muy difícil de fingir: verdad.

No quiero decir que absolutamente todo sucediera exactamente como está escrito. Eso casi da igual.

Quiero decir que mientras lees crees en la emoción desde la que está contado.

Y eso para mí vale muchísimo.

Lo mejor de Feria: consigue que recuerdes a tu propia familia.

Esto es lo que finalmente me ha ganado.

Mientras leía historias de los abuelos de Ana Iris, inevitablemente pensaba en los míos.

En cosas que decían.

En expresiones que utilizaban.

En historias familiares que he escuchado tantas veces que ya no sé exactamente cuánto tienen de verdad y cuánto ha añadido cada generación al volver a contarlas.

Y creo que ahí está el gran acierto del libro.

Ana Iris escribe sobre su familia y termina escribiendo un poco sobre la nuestra.

Porque cambian los pueblos.

Cambian los trabajos.

Cambian los apellidos.

Pero casi todas las familias tienen esas historias.

El abuelo que trabajó desde niño.

La abuela que administraba una casa con cuatro duros.

El tío peculiar.

Las comidas interminables.

Los motes.

Los muertos de los que se sigue hablando décadas después.

Las historias que empiezan siempre igual.

Eso también es patrimonio.

Quizá el más importante.

Por qué recomiendo Feria de Ana Iris Simón.

Porque me ha gustado mucho.

Pero especialmente porque me ha hecho pensar después de terminarlo.

Y cada vez valoro más eso en un libro.

No necesitas compartir todas las ideas de Ana Iris Simón para disfrutarlo.

Yo no las comparto todas.

Ni falta que hace.

Feria funciona porque plantea preguntas para las que no hay respuestas demasiado sencillas.

¿Vivimos realmente mejor?

¿Qué significa progresar?

¿Por qué nuestros padres pudieron construir una vida adulta mucho antes que nosotros?

¿Qué hemos ganado abandonando determinadas costumbres?

¿Qué hemos perdido?

¿Puede uno echar de menos algo sin querer regresar exactamente a aquello?

Y sobre todo:

¿qué les debemos a quienes estuvieron antes que nosotros?

Quizá muchísimo más de lo que creemos.

Feria es un libro sobre España, sobre La Mancha, sobre la precariedad y sobre una generación.

Pero para mí, antes que todo eso, es una carta de amor a una familia.

A los padres.

A los abuelos.

A los que están y a los que ya no.

Y ahí me ha ganado completamente.

Porque podemos discutir durante horas sobre progreso, capitalismo, política, pueblos y ciudades.

Pero cuando desaparecen nuestros abuelos ocurre algo bastante más sencillo.

De repente daríamos cualquier cosa por volver a sentarnos un rato con ellos y escuchar otra vez esas historias que cuando éramos pequeños habíamos oído ya demasiadas veces.

Y quizá deberíamos escucharlas mejor mientras todavía podemos.

Feria, de Ana Iris Simón
Feria, de Ana Iris Simón: memoria familiar, nostalgia y una reflexión sobre la España que dejamos atrás.

Ficha técnica:

  • Título: Feria.
  • Autora: Ana Iris Simón.
  • Editorial: Círculo de Tiza.
  • Fecha de publicación: octubre de 2020.
  • Número de páginas: 220
  • Género: narrativa autobiográfica / memorias / literatura contemporánea.
  • Nota de Janu Huerta: 9/10.

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